La comunicación en la familia: ¿cantidad o calidad?

Dialogar en familia: ¿Fácil? ¿Natural? ¿Espontáneo? ¿Que espacios existen para la comunicación? ¿Cuál es el nivel de confianza entre los distintos miembros de la familia? ¿De qué maneras se puede mejorar y potenciar la apertura y la transparencia en el hogar? ¿Es una cuestión de tiempo o de atención?

Es cierto que en muchos casos es difícil encontrar los momentos de diálogo y la conexión más allá de lo cotidiano. La rutina y los tiempos acelerados a veces pueden obstaculizar nuestra capacidad para percibir y registrar lo que sucede y se vive a nuestro alrededor.

Aún así, el tiempo no tiene porque ser un detractor de la conexión. A veces se trata de poder generar encuentros de calidad y presencia plena, sin que eso implique necesariamente largas horas de dedicación.

Una buena comida compartida, una caminata al aire libre, ir a tomar un café o un chocolate caliente en la esquina e incluso cocinar juntos, puede generar espacios ricos, cercanos y de gran valor.

A veces creemos que necesitamos irnos lejos y tomarnos mucho tiempo para conectarnos con los que más queremos. Claro que hay experiencias que unen y aventuras que dejan huella. Pero no es necesario esperar a un viaje o evento especial para mirarse a los ojos y conectar. Dicen que “La risa es la distancia más corta entre dos personas, ¿qué tan seguido compartimos risas con nuestros seres queridos?

Como padres, madres, educadores y educadoras es importante poder mostrarnos disponibles y receptivos. Que los niños y niñas sepan que estamos disponibles en los momentos en los que necesiten conversar o contar algo que les esté sucediendo o que estén sintiendo.

Cuando los adultos no puedan dedicar atención en ese momento exacto, es bueno poder comprometerse a encontrar un momento pronto y volver a insistir en generar dicho diálogo. Que los niños y niñas entiendan que a veces no es posible hablar las cosas de inmediato pero que el espacio surgirá y que lo que tienen para decir es valioso y requiere de atención plena.

Les proponemos preguntarse cómo viene siendo el diálogo en sus familias. Cuál es el nivel de comunicación que manejan y con que frecuencia surgen espacios de encuentro e intercambio de calidad.

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