Sobre conciencia emocional

¿Que sabemos de las emociones? Teóricos del área como el psicólogo y pedagógo Rafael Bisquerra explican que las emociones son fundamentalmente información. La regulación de las mismas está asociada a que primero podamos identificarlas, nombrarlas y a partir de ahí saber de qué manera canalizarlas. Este primer paso se llama conciencia emocional.

La organización kidshealth.org nos explica:

  • Las emociones van y vienen. La mayoría de nosotros sentimos muchas emociones diferentes a lo largo del día. Algunas duran solo unos pocos segundos. Otras pueden durar un poco más, provocando un estado de ánimo.
  • Las emociones pueden ser leves, intensas, o cualquier opción en el medio. La intensidad de una emoción puede depender de la situación y de la persona.

Por otro lado es necesario contemplar que no existen emociones “buenas” o “malas”, pero si que es cierto que algunas son más “agradables” y otras más “desagradables” de experimentar.

La conciencia emocional es una competencia que implica:

  • Toma de conciencia de las propias emociones.
  • Saber etiquetar y ponerle nombre a las emociones.
  • Comprensión de las emociones de los demás.
  • Toma de conciencia de la interacción entre emoción, cognición (pensamiento) y comportamiento (acción).

Y si las emociones son información, ¿que es lo que están queriendo transmitir? La realidad es que la respuesta a esta pregunta variará enormemente según la personalidad de la persona, su historia, su contexto, las circunstancias puntuales que este atravesando, las personas con las cuales se esté vinculando y otras variables.

A modo genérico presentamos una breve descripción de lo que revelan algunas de las emociones fundamentales y, en el caso de las negativas, como afrontarlas (Extraído de Bisquerra (2006) y otros autores).

Emociones “desagradables”:

  • Ira: Una ofensa contra mi o lo mío que me disminuye. Se genera cuando sentimos que somos tratados injustamente, cuando tenemos la sensación de haber sido perjudicados. La ira es una reacción de irritación, furia o cólera desencadenada por la indignación de sentir vulnerados nuestros derechos. En general se trata de amenazas simbólicas a la autoestima o dignidad personal. El afrontamiento de la ira debe ir en la dirección de ver las cosas de manera diferente. Enmarcar la situación desde un punto de vista más positivo es una de las formas más potentes de calmar la ira.
  • Miedo: Se activa ante una sensación de peligro real e inminente, ante una amenaza a nuestro bienestar físico o psíquico. Ante esta experiencia el organismo reacciona rápidamente, movilizando una gran cantidad de energía, de tal forma que prepare al cuerpo para respuestas más intensas que las que sería capaz en situaciones normales. Con los niños con miedo hay que dejarles tiempo para que se relajen y luego vuelvan a sentirse seguros y tranquilos. Para ello también sirve conversar con ellos sobre lo que les sucede.
  • Ansiedad: asociada al hecho de enfrentarse a una amenaza incierta y existencial. Las preocupaciones están en la génesis de la ansiedad, esta constituye el miedo supuesto. La función de la preocupación es la búsqueda de lo que puede ir mal y como evitarlo. ¿Cómo prevenir la ansiedad? Identificando las situaciones que generan preocupación antes de que inicie la espiral de ansiedad; practicando la relajación de manera diaria para poder aplicarla al momento en el que surgen las preocupaciones; a través de la reestructuración cognitiva, que implica cambiar los pensamientos derrotistas por otros más realistas.
  • Tristeza: Suele desencadenarse por la pérdida irrevocable de algo que se valora como importante: un ser querido, salud, bienes, etc. La tristeza puede producir una pérdida de sensación de placer y de interés. Las lágrimas se activan para relajar la química del cuerpo. A la hora de trabajar con niños es importante darles tiempo para que se recojan, se guarden y luego hagan nuevos planes. No es cuestión de pedirles que estén contentos y con altas energías, hay que respetar su tiempo para que se reorganicen y orientarlos para que aprovechen esa tristeza para hacer nuevos planes que les generen ilusión. Las pérdidas y los duelos hay que vivirlos y dejarlos ser. Sin embargo, si sostenemos mucho tiempo la tristeza, el cuerpo tiene cada vez menos ganas de moverse y accionar hacia el cambio.
  • Vergüenza: Es una sensación de pérdida de dignidad por una falta cometida por uno mismo. También puede desencadenarse por una humillación o insulto, situaciones que en algunas personas derivan en ira. Se afronta al superar los sentimientos de culpabilidad, de inferioridad y de timidez. En ese sentido puede ser útil la reestructuración cognitiva, el cambio de atribución causal, la relajación y otras técnicas de inspiración cognitiva.

Emociones “agradables”:

  • Alegría: Es la emoción que produce un suceso favorable. Es opuesta a la tristeza. Nos da fuerza, vínculo, ganas de hacer cosas. Las principales causas de alegría son las relaciones con los amigos y familiares.
  • Amor: Es la emoción experimentada por una persona hacia otra (aunque también existe el amor propio, hacia uno mismo). Se manifiesta en desear su compañía, alegrarse con lo que es bueno para él o ella, y sufrir cuando él o ella sufre. Es lo que nos lleva a vincularnos con los demás, es el afecto que sentimos por otra persona, animal, cosa o idea.
  • Felicidad: Es la forma de valorar la vida en su conjunto. La felicidad no es fugaz como el placer o la alegría, sino que mantiene una cierta estabilidad temporal. La felicidad facilita la empatía; genera actitudes positivas hacia uno mismo y hacia los demás, lo cual favorece la autoestima, la autoconfianza, buenas relaciones sociales, rendimiento cognitivo, solución de problemas, creatividad, aprendizaje, memorización, flexibilidad mental y otros aspectos positivos del comportamiento humano. Como es lógico, la felicidad se relaciona con el gozo, la sensación de bienestar, la capacidad de disfrute, el estar contento y la alegría. Pero no excluye los momentos de dolor, pena, lucha o conflicto. En general la felicidad se da cuando creemos que estamos haciendo progresos razonables hacia la realización de nuestros objetivos. Esta emoción depende en gran medida de las características personales, de experiencias anteriores y de las características ambientales.
  • Humor: Es la buena predisposición en que uno se encuentra para hacer alguna cosa. El humor se relaciona con la relajación. Durante la risa hay una postura relajada, una bajada del tono muscular. El humor y la risa contrarrestan las experiencias de emociones negativas; intensifican la confianza entre las personas; preparan al organismo para experimentar placer sensorial; amortiguan el estrés, reducen el malestar y el dolor; bajan la tensión. En resumen, son altamente beneficiosos para la salud mental y física y se ven potenciados por buenas relaciones sociales.

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